domingo, 10 de agosto de 2014

¿Cómo se dirige a un actor?

Ésta es una entrada que llevaba mucho tiempo queriendo escribir, pero por mil razones (trabajo, proyectos, falta de tiempo y/o de inspiración...) la he ido procrastinando. Hasta hoy.

En cada rodaje de ficción que llevo a cabo, acabo aprendiendo algo nuevo. Y es que trabajar con actores, ante todo, es trabajar con personas.


Sí, sé que parece una obviedad, pero he visto de todo en cuanto a directores/as se refiere. ¿Conocéis la frase "Los actores deben ser tratados como ganado", de Alfred Hitchcock? Os sorprenderíais de la cantidad de cineastas cuyas obras mueren porque son incapaces de comunicarse y de trabajar con personas, y porque no prestan la debida atención a algo tan importante como la dirección de actores.

Los actores no son máquinas. No pueden saber lo que el director espera si no se les dan las instrucciones adecuadas a su debido tiempo. Y no solo eso: el director puede decir lo que quiere, gritar órdenes a diestro y siniestro... Pero si no logra conectar con las necesidades de cada actor, trabajar individualmente con cada uno y, sobre todo, ser muy proactivo y dejar su ego a un lado, no habrá manera de que el director logre lo que busca: simplemente, no funcionará.


Particularmente, a lo largo de los años que llevo trabajando con actores e interpretando yo mismo, me he encontrado con distintos perfiles en ese aspecto. Estos son algunos de dichos perfiles; cada uno representa una manera distinta de trabajar, con sus particularidades, y hay que tener en cuenta los siguientes elementos si queremos trabajar a gusto con esa persona y ayudarla a obtener la mejor interpretación que pueda ofrecer:

  • Novatos: Dentro de esta categoría, no solo entrarían los actores que acaban de comenzar, sino también todos aquellos que pertenezcan al sector amateur o tengan poca o ninguna formación. Por lo general, suelen tener muy buenas intenciones y ponerle muchas ganas, pero no se les puede ni se les debe dirigir igual que a un intérprete veterano o con mucha formación. ¿Por qué? Básicamente, porque ese tipo de instrucciones suelen resultarles demasiado complejas: no se puede jugar a dirigirles pidiéndoles "ahora hazlo más pequeño", por así decirlo, sino que hay que explicarles las cosas mucho más claras y a un nivel más terrenal, sin vaguedades. Esto no quiere decir que den peor resultado, ni mucho menos: ofrecen un tipo de verdad muy distinto, menos técnica y más sincera, y si sabes cómo tratarles pueden dar excelentes resultados. El último ejemplo de esto lo he encontrado dirigiendo a la gran Nancy Laffita en "Dejando Huella (Leaving Traces)": pese a que tenía poca experiencia dramática y venía con muchas dudas, entre ambos trabajamos de manera muy cercana y así fue como logramos una gran interpretación por su parte.
  • Perfeccionistas: Este tipo de actor controla, o busca controlar absolutamente todos los aspectos de la producción que está rodando: no solo quiere milimetrar cada aspecto de su acting, sino que también suele permitirse pedir al director rodar más tomas si siente que no ha quedado como él esperaba, y supervisar los planos rodados e incluso escuchar los audios. Suelen tener bastante formación y/o muchas tablas, y están curtidos; por tanto, debido a su experiencia y a su perfeccionismo, a veces les resulta difícil confiar al 100% en el criterio del equipo que lleva a cabo la producción. Por tanto, hay que encontrar un equilibrio entre firmeza (sobre todo, para que el rodaje se agilice y llegue a cumplirse en el tiempo acordado) y flexibilidad: rodar con este tipo de actor no es agradable si te cierras en banda y te comportas como un tirano, pero si aprendes a escucharles, les permites que te digan cuándo creen que algo funciona o no, y trabajas codo a codo con ellos, los resultados pueden ser maravillosos.
  • Herméticos: En este caso, es muy difícil saber cómo se sienten, cuál es su forma de trabajar, si están a gusto en el rodaje o si tienen ganas de acabar cuanto antes... Por una razón o por otra, les cuesta horrores expresarse y compartir su estado interno. Trabajar con alguien así, más aún en algo tan emocional e interno como la interpretación, es muy difícil: hay que hacer el doble de esfuerzo a nivel comunicativo, tener mucha paciencia y ser observador. ¡No se trata tanto de lo que te digan o te dejen de decir, sino de confiar en tu instinto y ser persistente!
  • Nerviosos: Algunos actores y actrices, bien por falta de experiencia, carencia de formación/tablas, o bien por complejos propios, llegan al set de rodaje temblando como un flan. Por lo general, se trata de personas que se presionan a sí mismas por el resultado que obtendrán a través de su trabajo: ¡no hay mejor asesino de la creatividad que las presiones internas! Por tanto, la mejor solución es obligarles a jugar, a crear y a dejar de concentrarse tanto en lo que puede salir mal. Para ello, se puede recurrir a una herramienta tan rudimentaria pero útil como es decirles que hagan el acting lo peor que puedan: no solo se suelen relajar y les alivia la presión del momento, ¡sino que el peor acting que hagan tendrá, probablemente, más verdad que cualquier interpretación atropellada y limitada que ofrezcan inicialmente por sus nervios! A partir de ahí, una vez hayáis echado unas buenas risas, todo será más fluido y se puede empezar a crear con menos tensión. Maneras hay muchas, pero la clave siempre es conseguir que se relajen. A fin de cuentas, actuar es jugar, dar vida a algo.


En resumidas cuentas, todo se reduce a escuchar (escucha activa, cualquier otro modo de escucha no cuenta), y a no olvidar lo fundamental: que trabajar con actores es trabajar con personas. El trato humano y la cercanía son indispensables, a no ser que pretendas que se cierren en banda, que no entiendan lo que estás buscando, o que el rodaje se convierta en un infierno. A fin de cuentas, crear no es solo buscar un resultado: ¡se trata de hacer el proceso agradable y llevadero para todo el mundo, no solo para ti mismo!